Diario de un loco enfermo de cordura
Juan Saravia. Ediciones Felou.
Le pregunto si se siente solo, pues imagino que es un hombre solitario. Me dice que no se siente solo porque es un hombre sublime [que] guarda con perfecta dulzura la independencia de su soledad.
La figura del loco o mendigo sabio es atractiva, y México tiene un clásico en la literatura en La vida inútil de Pito Pérez (1938) de José Rubén Romero. Ahora Juan Saravia da a conocer otro.
Relatando en primera persona, un escritor atormentado por sus demonios y enamorado de leer en cafeterías, cuenta cómo un día tiene la suerte de entablar plática y amistad con Temo, artista callejero con destellos de lucidez poética. Ya antes lo había visto por la calle, aunque lo ignoraba, le era desagradable, hasta le daba asco. Temo pinta a punta de palillo y el escritor termina por comprarle gran cantidad de dibujos —reproducidos en el libro.
Nada más empezado, sabemos en qué terminará el relato brevísimo, donde el escritor platica con la misma fluidez sus lecturas y desvelos, las impresiones de Temo y de la vida, incluso con excesos retóricos (“Temo también es Aushwitz”).
Disfrutable y raro, Diario de un loco enfermo de cordura es posiblemente la versión novelada de una amistad verdadera, narrada con cierta sequedad.
El contraste —y la brevedad— sumado a las imágenes —o viceversa— nos dan un libro que se deja con gratitud.
[Publicado originalmente en noviembre de 2008.]
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