lunes, 15 de octubre de 2012

Impureza de soledad

Las razones del corazón

D: Arturo Ripstein. P: México–España, 2011. G: Paz Alicia Garciadiego inspirada en Madame Bovary de Gustave Flaubert. F en B/N: Alejandro Cantú. A: Arcelia Ramírez (Emilia), Vladimir Cruz (Nicolás), Plutarco Haza (Javier), Patricia Reyes Spíndola (dona Ruti), Alejandro Suárez (Jasper), entre otros. Pr: Roberto Fiesco y José María Morales. Dr: 119 min.

El gris es frío, cotidiana monotonía, piel de la muerte. El ocre es el tono de los recuerdos que se van apagando, de las miniaturas y cuadros en las salas de las tías solteronas. Si la vida es triste a secas —ni fu ni fa— decimos que es gris; si está rodeada de silencio, secreto y frustración, es ocre. “El acontecimiento de morir de amor me parece infinitamente más interesante que la idea del amor”, ha dicho Ripstein acerca de ésta, su reciente película basada en la novela emblemática de Flaubert, sobre la obsesión amorosa, clandestina y atropellada de una mujer casada.
Ripstein relata el fracaso de un amor de azotea en una atmósfera de decrepitud, sin salir del edificio donde Emilia vive con su esposo e hija en un departamento consumido. Todo sobre ella así está dicho. Alcanzamos a imaginar los colores que una vez tuvo su vida detrás del ocre gris de la fotografía de la película. Abocado a lograr su relato en un reconcentrado ambiente —como suele ser en él—, Ripstein afloja el equilibrio actoral, donde a penas sobresale Arcelia Ramírez como la “princesa” enclaustrada y detestable, Patricia Reyes Spíndola en un personaje que le es muy socorrido y —sorpresa— Alejandro Suárez en su breve y muy detallado papel de cabrón ventajoso.


[Publicado originalmente en diciembre de 2010, en ocasión del 53ª Muestra Internacional de Cine, Conaculta Cine–Cineteca Nacional.] 


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