El ángel azul
Zoé Valdés. Gedisa Editorial.
Por primera vez, una madre podía ser una mujer fatal, ser seductora, poseer un indiscutible sex appeal, vestir como una diosa, caminar como un hada, hechizar y enamorar a todos.
Un día, una joven actriz alemana es seleccionada para hacer de cabaretera en una película bajo la dirección de Josef von Sternberg titulada El ángel azul (Der blaue engel, 1930), adaptación de Professor Unrat, novela de Heinrich Mann.
Lola no era el personaje principal de aquella película, sino el profesor Unrat, que interpretó Emil Jannings; sin embargo, pocos se acuerdan del personaje y el actor, en cambio, Marlene Dietrich (1901–1992) y su Lola se convirtieron en símbolos de una época, un arte, un modo de vida y una libertad trágica, gozosa, envidiable.
Luego la Dietrich dejaría Alemania para seguir a Von Sternberg a Hollywood, donde harían fama y ya pocas películas interesantes. Una vez separados profesionalmente, ella tendría problemas fiscales, llegaría a un acuerdo con el gobierno estadounidense e iría a cantar para el ejército norteamericano que ocupaba su Alemania natal. Así fue declarada traidora en su patria mientras ella bebía champán en un hotel de lujo gracias a su amasiato con un general gringo muy famoso: George Smith Patton (1885–1945). Se dedicó a cantar con voz masculina y poco agraciada, pero cargada de garbo, hasta que se encerró en un departamento para evitar la tristeza de verse envejecer en el mundo que tuvo a sus pies.
Desde finales de la década de los sesenta en Cuba, una niña se enamoró de El ángel azul y de Lola. Compartía el gusto con su abuela, no desaprovechaban oportunidad de verla cada que podían y se emocionaban de nuevo, repetían los diálogos, añoraban volverla a ver. Esas imágenes acompañaron a la niña en su crecimiento; sus amigos también eran aficionados al ángel. Adulta, se casaría con un cineasta, se haría novelista, se exiliaría y —¡quién lo dijera!— acabaría escribiendo un libro maravilloso sobre el ángel, mezclando vidas y ficciones.Zoé Valdés nos encanta una vez más —a quienes compartimos la adoración— con el ángel, entusiasma a buscar la película a quienes no han tenido el gusto. También comparte un poco de cómo escribe sus novelas. Y algo más: nos regala alguno que otro fragmento mejor que cualquier ficción: en la página 58, en La Habana Vieja un edificio se derrumba frustrando un manjar sencillo a la niña de aquellos años.
Este libro forma parte de la colección “La película de mi vida” que Gedisa Editorial ha creado para invitar a escritores, críticos, aficionados, cineastas, periodistas, etc., a hablar de la película que dominen, o mejor es decir, la que los domina: Ciudadano Kane, Amores perros, El cid, El mago de Oz, Los pájaros…
[Publicado originalmente en noviembre de 2008.]
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