miércoles, 22 de febrero de 2012

Ver venir sin irse

Kairós, apología del tiempo oportuno
Giacomo Marramao. Gedisa Editorial.

Todo cuanto acontece tiene que acontecer inevitablemente.

Nadie sabe qué es el tiempo —el tiempo absoluto, habría que aclarar, porque de otra manera un físico puede darnos muchos ejemplos de qué es en relación con los fenómenos que ocurren en él; nos hablaría no del mero tiempo sino de la duración, o sea, su medición en función de tal o cual suceso—. Pero quién pueda explicar, con peras y manzanas, qué es el tiempo, difícilmente se hallará, si existe. Lo decía muy bien san Agustín: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si debo explicarlo a quien me pregunta, no lo sé.” Claro, habrá quien jamás se halla preguntado o no le importe pensar acerca de la naturaleza del tiempo. Han de ser los más en el mundo.
Nuestra hipermodernidad tan enviciada nos ha traído la enfermedad de la prisa y la expectativa de lo inalcanzable; vivimos exclusivamente en lo que está por venir o deseamos alcanzar lo más pronto, a toda costa, y no en lo que viene sucediendo (nuestras vidas) y que es obvio paso a lo por venir. Así, llegado el momento esperado (lo por venir que se hace presente), su duración (lo que viene sucediendo) resultará tan breve que será frustrante: nuestra prisa fue más fuerte que la vivencia de nuestra experiencia, incluso más que nuestro deseo. Miraremos entonces al pasado con ganas de regresar a él, a un pasado —por cierto— cargado de la misma ilusión que cuando era futuro.
A ese intento fallido (gozar de lo esperado) lo describe el filósofo italiano Giacomo Marramao con palabras de Octavio Paz: “colonizar el futuro”, empresa destinada al fracaso. Al modo filosófico, lo dice así: “La patología se debe a la circunstancia de que la anticipación proyectiva se ha extrapolado como forma auténtica, como figura específica y dominante de la experiencia del tiempo, sólo en Occidente…”
En suma, “nuestra vida está ‘descarrilada’ con respecto al presente: nos proyectamos continuamente hacia el futuro, o bien volvemos la vista hacia el pasado”. Se trata de un intento de cosificar los sucesos, pero eso es algo imposible, la secuencia sigue, todo queda atrás, lo que fue futuro se vuelve pasado, y el presente, que es la experiencia del tránsito, desaparece —acaso nunca existió, pero es a penas lo que sentimos.
“A diferencia de lo que piensan algunos de mis esforzados colegas, la finalidad de dedicarse a la filosofía no es cuidar de las almas sino comprender las cosas.” Con esta declaración de principios, Marramao se adentra en el problema del tiempo desde una perspectiva multidisciplinaria (filosofía antigua y contemporánea, física cuántica, psicoanálisis, etc.) partiendo de las antiguas concepciones del tiempo en Grecia; en plural (“concepciones”) porque al menos había dos: aión, algo así como la cualidad de la duración de lo inconmensurable (la infinidad del tiempo en sus apariciones), y chronos, la manifestación en sucesiones de ese aión. Entre esos dos existentes del tiempo, está kairós, la ligadura de las personas (conciencias) con el tiempo, y que podría ser traducido —nos dice Marramao— como “tiempo oportuno” o “tiempo propicio”, una idea que hoy podría reconciliarnos con el transcurrir temporal.
A eso aspira Marramao, a dar una luz para terminar con la enfermedad de la prisa en la que no haya su sitio el presente, y al mismo tiempo despilfarra y estropea lo otro hermoso que el tiempo nos da: sentir cómo lo que no era llega a ser (el futuro incierto) y seguir poseyendo el recuerdo de lo que sí fue (el pasado cierto). Para la reconciliación tenemos en español una expresión precisa: darle tiempo al tiempo.
Una nota al calce: los filósofos tienen esa manía de elaborar argumentos de una forma intrincada, además de aludir a su conocimiento de las diferentes materias que abordan como si los lectores fueran doctos. Marramao no puede resistirse y lo hace, pero a pesar de eso, Kairós, de apenas 140 páginas, ofrece el disfrute de una buena charla en nueve citas, el número de capítulos que lo conforman.

[Publicado originalmente en septiembre de 2008.]



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