Banana Yoshimoto. Tusquets Editores.
A veces, al pensar en Tsugumi, sin darme cuenta acabo dándole vueltas a cosas enormes. De repente, mis pensamientos tienen que ver con cuestiones importantes. Con la vida o la muerte.Aparecida en Japón en 1989, al igual que el libro de relatos Sueño profundo —publicado en español en 2006—, la novela Tsugumi es la excepción a lo que estamos acostumbrados a leer de Banana Yoshimoto. En una reseña pasada donde repasé brevemente su obra editada por Tusquets (formada también por las novelas Kitchen, N.P. y Amrita) enfaticé la recurrencia del binomio amor–muerte en la narrativa de la escritora japonesa, y de lo sobrenatural como elemento referencial de la realidad de sus historias. En Tsugumi el amor no ocupa el lugar central, la muerte es una idea o presentimiento fugaz y lo sobrenatural forma parte de anécdotas significativas aunque no trascendentes. Donde sí coincide Tsugumi con el resto de la obra es en el otro aspecto abordado aquella ocasión: Yoshimoto se inclina por “las rarezas de la gente, lo inesperado, las dificultades enfrentadas con estoicismo y ternura”.
Saliendo de la adolescencia, Maria, prima de Tsugumi, es quien relata la historia. Agobiada desde su nacimiento por una extraña enfermedad que la mantiene débil y la tumba de cuando en cuando, Tsugumi tiene un carácter difícil de tolerar si no se ha convivido con ella por largo tiempo, si no se es incapaz de comprenderla profundamente o si no se está enamorado de ella, la más bonita de un pueblo a la orilla del mar. “No era narcisismo. Tampoco una pose. Llevaba en el corazón un espejo muy bien bruñido y sólo creía en lo que veía reflejado en él, sin detenerse a pensar.”
Capaz de armar travesuras dignas de un genio del humor negro, venganzas propias de una mente retorcida y responder con maledicencia constante, Tsugumi es al mismo tiempo un ejemplo entrañable de fortaleza y sensibilidad, capaz de elegir entre todo lo memorable que le toca vivir o protagonizar algo insignificante como lo más bonito de su vida.
Tsugumi sufrirá momenros de radicalismo y modificaciones en su carácter al conocer y enamorarse de Kyoichi, con quien comparte la experiencia de la casi invalidez por enfermedad y el amor a sus perros. En el extremo opuesto de la personalidad de Tsugumi —y “gracias a ella”— está Maria, siempre con la ternura a flor de piel y comprensiva; ella declara su carácter así: “No sé porqué, pero pensé que el amor nunca se acabaría, que el amor, por mucho que cogieras o aunque dejases el grifo abierto, siempre seguiría manando…”
Las narraciones de Yoshimoto son un tobogán de sentimientos, en parte porque refleja el mundo femenino confrontado consigo mismo: sus protagonistas, personajes y voces narrativas son femeninas, frecuentemente de personalidades encontradas abarcando una enorme extensión caracterológica en la que no faltan las reflexivas, las chocantes, las tolerantes, las impulsivas, etc. Hay otros recursos narrativos que también dan cuenta de esa tensión interna en el ambiente ficcional de Yoshimoto, un juego de oposiciones que subsiste a la traducción del japonés: en primer lugar, los personajes son construidos para mantener una inocencia natural (es decir, como la de los animales) incluso en situaciones tormentosas o de maldad; en seguida, hay una atmósfera hecha de sentimientos indeterminados concebidos como oxímoron (“el olor del adiós, tan leve que se torna dulce”) o expresada por sus grados inadvertidos (“tristeza serena”); finalmente, ciertas reflexiones se dejan caer como frutos de sabiduría planteada en momentos o de tal manera que enfatizan la fragilidad, la inseguridad, la extrañeza que delinea mejor un estado de ánimo (“Las ideas flotan en la oscuridad y desvelan conclusiones inconsistentes como la espuma”). Todo ello en el lector opera una síntesis conmovedora que impide alejarse de la lectura.
Desde su primeras historias me pareció que Banana Yoshimoto no podía estar muy lejos de sus personajes más berrinchudos y caprichosos, ‘sólo alguien así —pensaba— puede recurrir a todo para conmovernos’. La autora —una de las escritoras contemporáneas con mayor potencia en el mundo— confirma serlo hacia el final de este libro.
[Publicado originalmente en agosto de 2008.]
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