David Lida. Editorial Sexto Piso.
Es demasiado grande. No todo puede ser fresco.
Diana Kennedy, gastrónoma inglesa residente en nuestro país desde 1957.
Diana Kennedy, gastrónoma inglesa residente en nuestro país desde 1957.
¿Quiénes vivimos en el DF? ¿Cómo lo hacemos? La conflictiva de esta ciudad es tal que con frecuencia es como si nos escupiera a la cara y le diéramos las gracias. No todos: hay quienes viven en el paraíso de sus privilegios, otros a salvo en el territorio de sus obsesiones. En fin, también hay extranjeros, los hemos visto y hasta hecho amistad con esas personas que han sido marcadas por su exilio voluntario, forzado o casual en el DF.
David Lida, un periodista nacido en Estados Unidos es mexicano porque quiso —solicitó la nacionalidad— y así recuerda el inicio de ese amor raro: “La Ciudad de México apestaba. Olía como si yo me hubiera acostado debajo del tubo de escape de un coche en marcha. Sin embargo, siento atracción por la decadencia […] No sabía cómo nombrarlo, pero intuía que había algo para mí en el D.F. Al poco tiempo, me mudé a vivir aquí.” En el prólogo de Las llaves de la ciudad el novelista Juan Villoro describe: “[El] enfoque [de Lida] tiene la novedad del viajero sentimental […] y la empatía de quien acepta razones que no son suyas.”
Lida presenta enteros algunos habitantes de la ciudad como Montse, la adolescente de la calle que se desespera si no termina en un día una botella de limpiador tóxico, su droga por unos pesos; la aristócrata Vivian Corcuera, quien fuera “mencionada en columnas de chismes” como posible futura esposa “del entonces soltero Fox”; el novelista, “entre enfant terrible y éminence gris”, Guillermo Fadanelli; el pintor norteamericano Phil Nelly que algún día pintará el ritual alrededor de un camión de la basura frente a su casa, o Claudia Tate, otrora famosa cabaretera que recibía todo tipo de regalos de sus acaudalados o simplemente generosos enamorados, hoy venida a menos.O sin ir tan a fondo, en unos trazos Lida nos entrega el genio, la figura y el contexto de unas reporteras de la revista Óoorale, del hoy finado editor de Casas & Gente Nicolás Sánchez Osorio, de un vendedor de reliquias nazis, de un enamorado de Marilyn Monroe, de un par de fotógrafos japonenes avecindados en el DF, etc. Las llaves de la ciudad es “una carta de amor a toda la gente que me ha mantenido vivo” en el DF, dice Lida en el prólogo. En este libro disfrutable, tal sentimiento palpita.
[Publicado originalmente en agosto de 2008.]
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