jueves, 28 de julio de 2011

Nuestro fantasma favorito

Poetas en Paz


Cada época tiene que descubrir a sus antecesores y cada generación tiene que hacer su propia antología.
Octavio Paz en diálogo con Braulio Peralta, 1987.


Si representan a su generación los aquí entrevistados, entonces mayormente los jóvenes que se hicieron poetas cuando Octavio Paz moría y sólo después comenzaron a leerlo de veras, muestran vivacidad y no nada más por su poesía. Lo vienen leyendo y conocen uno o varios de los libros que le han dedicado Aguilar Mora, Monsiváis, Poniatowska, Sheridan, Vizcaíno… Lo califican de “monstruo”, “gigante”, “imprescindible”, “fascinante”, “para leerlo los próximos diez años —bueno, no diario”.
¡Qué ganas de agradecerlo!
Poetas que toman a ese ancestro como origen, muro en el que darse de topes o referencia “canónica” pero “sobrevalorada”, de pronto la gravedad se relaja y dicen: “Homenajear a Octavio Paz da flojera, pero también profanarlo da flojera.” En todo caso, “aprender de él la pluralidad cotejando el trabajo de los otros, sobre todo el de él que dijera tanto sobre tantas cosas”.
Son Rodrigo Castillo de 26 años (la mitad como poeta, libro publicado: Espacio de resistencia, UACM, 2007), Karina Falcón de 23 (7 de poeta, Devoción, Editorial Justine, 2006, y becaria del Focaem–IMC), Francisco Goñi de 30 (20, Esferas, Arte y Palabra, 2004, y por estos días Temor y piedad, Monte Carmelo), Sergio Téllez–Pon de 27 (10, No recuerdo el amor sino el presente, Quimera Ediciones, 2008) e Iván Trejo de 30 (6, Silencios, Conarte, 2007).
Los cinco recuerdan cuándo lo conocieron —alrededor de la prepa— y hoy marcan los libros y poemas que prefieren del “monstruo”: Libertad bajo palabra, Pasado en claro, Árbol adentro, Vuelta, El laberinto de la soledad, La llama doble, El arco y la lira, Renga, “Nocturno de San Ildefonso”, “Blanco” (califica Rodrigo: “el poema más paciano”) y “Piedra de sol” (“lo he leído fácil unas 30 veces”, dice Francisco). Y el verso más recordado: “un sauce de cristal, un chopo de agua”.
¡Paz en la sopa!: “no hay plática donde no salga a relucir”, “porque te remite a pintura, ensayo literario, política, ha abarcado muchas de las preguntas que tú te haces”. Tienen qué reprocharle, a veces en broma, en ocasiones lo mismo que le admiran: “abusó de su genialidad, fue injusto con muchos”, “hay quienes a 10 años de su muerte tienen miedo de que don Octavio los regañe”, “me atrae muchísimo su arrogancia, su petulancia, su soberbia”, “la conciencia de saberse un genio, de ver sus alcances”; “yo odio la forma en que leía”, “se derrumba con esa voz”; “me desagrada la parte imperativa de Paz, no dubita: ‘¡porque yo lo digo, así es!’; era una persona totalmente ceñida a su retórica, fascinante cómo te pinta las cosas, la ficción se vuelve realidad [en El laberinto…], no deja de tocarte de alguna manera”.
Los cinco envidian sus amigos, signo de su universalidad.
Como poeta, dice Sergio, la “presencia omnipotente” del Nobel es “piedra inamovible, no es un poeta que precisamente me inspire a escribir, no es un poeta como Gonzalo Rojas que cuando lo leo digo: ‘yo quiero escribir más y más’”.
Sergio (Srg). A mí me castra porque es un gran poeta que no puedo seguir, no puedo imitar, tiene un gran lenguaje, un bagaje cultural impresionante. Y cuando leí los ensayos lo odié totalmente porque no coincido con él, principalmente el libro de Sor Juana me parece espantosísimo, tendencioso, su ensayo sobre Cernuda lo detesto, sobre Villaurrutia me parece el peor. Hasta ahí ha llegado mi límite.
Rodrigo (Rdg). El primer poema que publiqué y que ganó un concursito de poesía es totalmente un pastiche de Octavio Paz. A mí no me castró, a mí me incitó a escribir poesía. Y cuando tengo que hacer un ensayo, una postura crítica, sí recurro a Octavio Paz porque me responde muchas preguntas.
Srg. Evidentemente que es un diálogo continuo, estar leyéndolo y contestándole o siguiéndolo o escribiendo al margen de él.
Karina (Krn). No puedes deslindarte de él, ya sea porque le dices “no” o porque estás de acuerdo.
Francisco (Fco). Pero indudablemente es un punto de reflexión o de partida. Yo corro un riesgo como Sergio porque es muy fácil sucumbir a los versos de Paz, me ha pasado muchísimas veces que me hubiera gustado escribir ése poema. ¿Qué puedo escribir ahora? Como mexicano sí puede resultar abrumadora la sombra de Paz porque sigue siendo muy grande.
Iván (Ivn). Con su poesía no siento una influencia cercana cuando escribo, como lector me interesa más su parte existencialista, su constante huir del tiempo; más bien, si hago ensayo algún día, de eso sí pueden culparlo a él.
Krn. Es muy importante hablar de la apariencia cuando se habla de Paz. Es el niño que mira con ojos maravillados el mundo. Cultivar un poema de largo aliento no deja de ser algo difícil, y vamos, sin perder una capacidad de enunciación, imágenes. Para mí, lo importante de su poesía es justo la parte de la imagen. Sin embargo, yo no creo que la poesía de Paz sea demasiado bella.
Srg. Yo lo que rescataría es que en todo momento es autobiográfico o autorreferencial. Tiene poemas biográficos extraordinarios, habla a partir de su microhistoria y eso lo hace totalmente universal.
Krn. Dicen que es muy filosófico y metafísico, yo no lo puedo decir, no lo he estudiado tanto, pero me parece fascinante cómo nunca deja a un lado la soledad y el amor, lugares comunes, pero cómo los presenta, te quedas fascinado. Su poesía es un tanto inaccesible, intelectual, porque Paz es una figura intelectual, precisa, pero no deja de ser una voz poética que discurre en una página en blanco. Para mí no es un gran poeta, prefiero mil veces a Gorostiza que a Paz; sí un gran crítico literario, muchas veces sesgado por la figura política y por eso polémico. Del El arco y la lira releo varias cosas, tiene partes bellísimas: hacer poesía como un acto erótico, de creación… Es en El arco y la lira donde encuentro lo que me hubiera gustado escribir, no en su poesía.
Ivn. Fue un gran poeta, de casta, pero sin duda es el mejor ensayista de la historia literaria de nuestro país.
Rdg. Yo tengo la idea de Paz del poeta, del creador humanista, un hombre con pasiones y preocupaciones en torno al hombre. Si te acercas a Octavio Paz como poeta lo vas a disfrutar muchísimo, si te acercas como ensayista, yo creo que lo vas a disfrutar al doble o más.
Fco. Los lectores de Paz están separados: o disfrutan más la poesía o disfrutan más el ensayo. Yo soy paciano cien por ciento.
Srg. Yo quiero puntualizar: no es que esté en contra de Octavio Paz como ensayista, no coincido con él pero no niego que sea un gran ensayista.
Fco. Acudes a él, eso es lo importante.
Srg. Lo que iba a decir también es que en mi caso me castra, en tu caso te inspira, pero en otros poetas sí ha influido directamente sobre ellos, como Ulalume González de León, Adolfo Castañón, Aurelio Asiain, Manuel Ulacia o Julio Trujillo.
Fco. Hay una mimesis ahí muy evidente, ¿no?
Srg. En nuestro caso esa influencia ya no es tan fuerte, ¿no?
Krn. Para los de los setentas creo que empezó este rehusarse a que Paz fuera un cobijo, y a los de los ochentas definitivamente ya no nos ha marcado tanto.
Fco. Nuestra generación puede jugar más con esas variantes, tenemos esa distancia que nos permite no mimetizarnos en una poética o ensayística de Paz y a la vez aprender.
Rdg. El alejamiento también se debe a que tenemos las poéticas de muchos lugares y tiempos abiertas, no es como hace 30 años, cuando sólo se podía voltear a Paz o lo que él representaba.
Fco. A mí sí me molesta la influencia de Paz en esa generación. Porque veo poco esfuerzo, veo más el aprovecharse de que se hicieron cerca de Paz. Paz tenía tanto poder que les compartió y ahorita son las figuras, y no sólo los poetas, el ingeniero Krauze es un ejemplo, se aprovechó de todo el proyecto de Vuelta y ahorita es el intelectual mexicano. Prefiero acercarme a Paz.
Srg. Yo también, de plano no los leo. A Ulacia sí, pero por otras razones, y me parece totalmente paciano. Samuel Noyola, que ya es de los últimos, creo que tiene otro toque, es muy distinto a los demás, Tequila con calavera es un gran libro.
Rdg. He leído a González de León, a Ulacia… pero Noyola sí me parece que se desprendió de Paz.

“La gente sigue buscando su opinión más que los versos, cosa que le dolía mucho a Paz”, dice Francisco, además de poeta, vendedor de libros en una “cafebrería” de la colonia Condesa. Él informa que el Nobel se mueve lento pero constante, a razón de un libro diario en promedio. “Gente extranjera lo busca como una referencia obligada que mismos mexicanos le recomiendan. El laberinto… es el libro más vigente de Paz.”

Nota: Rodrigo, Francisco y Sergio fueron entrevistados en una misma sesión donde hubo momentos de diálogo, aunque sobre todo respondieron alternadamente a las preguntas; Iván, residente de Monterrey, contestó un cuestionario por correo electrónico, y Karina fue entrevistada por separado en una cita a la que confirmó su presencia otra poeta que no asistió (se buscó a cuatro mujeres poetas más que no respondieron al recado en sus buzones de voz o e–mail). Para dar fluidez al supuesto diálogo se eliminaron muletillas, reiteraciones, digresiones, etc., sin marcar con […].

[Publicado originalmente a diez años de muerto Octavio Paz.]



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